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Pensamientos amorosos

Cuando otros te fallen o cometan lo que a tu modo de ver son errores, en vez de contrariarte y estallar en ira, di: «Ruego por ellos. Los aprecio mucho. Quiero ayudarlos y facilitarles las cosas». Abriga pensamientos amorosos por aquellas personas que te desesperan. Ora por ellas.
Gracias a esas oraciones y pensamientos, el amor que tienes en el corazón podrá impregnar tu espíritu y vencerá al orgullo y al egoísmo.
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El profundo amor que siento por ti

¿Por qué te amo?
Te quiero mucho, dulce amor mío. Te amé ayer, te amo hoy y te amaré siempre.
¿Cómo te amo? Te amo incondicionalmente, total y eternamente. Te amo como ama un padre a su hija. Te quiero como quiere un hombre a su esposa, con ternura y con pasión. Te amo a la perfección.
¿Por qué te amo? Porque eres Mía. Porque tú me amas. Porque eres hermosa a Mis ojos. Porque eres parte de Mí.
¿Cuándo te amo? Cuando estás en éxtasis y cuando estás sumida en la desesperación. Cuando tienes éxito y cuando sientes que has fracasado. Cuando obras con acierto y aun cuando cometes errores. Te amo cuando te asalta el impulso de darte por vencida y cuando sigues adelante.
¿Hasta cuándo te amaré? ¡Siempre, eternamente!
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Amor sin límites

Quiero enseñarte a sentir mayor amor, abrirte los ojos al amor incondicional, para que te des cuenta de cómo es, participes de él, lo pongas en práctica y aprendas a amar al prójimo sin reservas.
Deseo que ahora veas a cada uno como Yo lo veo: con amor infinito, inconmensurable, que aprendas a amar tal como se te ha amado.
Aprende a amar a los demás con el mismo amor que te ha ayudado a salir adelante en muchas situaciones difíciles, el amor que te ha dado fuerzas para seguir adelante, el amor que te ha ayudado a perdonar, el amor que te ha permitido sincerarte: Mi amor.
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Te comprendo cabalmente

Estoy tan enamorado de ti que Mi vista no capta ninguno de tus fallos e imperfecciones. El amor me ciega y me hace ver más allá de tus faltas y equivocaciones. Es un amor que solo ve lo bueno y las posibilidades que los demás no alcanzan a distinguir.
No te vigilo garrote en mano listo para atizarte al más mínimo error. No estoy a la espera de que tropieces y caigas para meterte otra vez en vereda de un estacazo. ¿Cómo iba a hacer eso? Yo también me he encontrado en tu lugar. Yo también adopté el manto de carne humana a fin de llegar a conocerte y a comprenderte cabalmente. Conozco las contrariedades que experimentas, cada uno de tus anhelos, la insuficiencia de la carne humana y hasta tus pecados ocultos. Me identifico con tu humanidad. Por ello he prometido que tendré misericordia de ti. Mis pensamientos para contigo son de paz, perdón, paciencia y compasión.
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Pequeños actos de consideración

Hay muchas formas de manifestar Mi amor. Por ejemplo, puedes dar un saludo caluroso en vez de una mirada indiferente. Puedes tomar unos momentos para responder a una pregunta con consideración y franqueza, en vez de hacerlo ligero y aprisa, con lo que los demás se sienten subestimados o piensan que son un estorbo.
Mi amor se manifiesta de muchas formas: a base de perdón, de misericordia, de ternura, de amabilidad, de sencillez; con palabras de amor, de aliento y de elogio; con todo lo bueno y positivo que puedas decir de alguien; mediante pequeños actos de consideración; estimulando y recompensando a los demás; preocupándote por ellos; mostrándote atento; entregándote a ellos; dedicando tiempo a conversar, a escuchar y a compartir; ayudando a llevar la carga; rebajándote si hace falta para ayudar a una persona.
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Soluciones para Tus problemas

Cuando te sientas débil, Yo seré fuerte por Ti. Cuando te agobie la confusión, te imbuiré de paz. Cuando te invada el temor, confortaré tu corazón. Cuando te asalten dudas, te daré fe. Cuando te sobrevenga la tensión, te daré alivio. Cuando te encuentres en un laberinto, estaré a tu lado. Cuando te sientas inútil, te daré una meta. Cuando se apodere de ti la angustia, te comunicaré alegría. Cuando te falte confianza, Yo seré tu tranquilidad. Cuando lo veas todo confuso y turbio, Yo te daré claridad. Cuando todo te parezca lúgubre y tormentoso, seré para ti luz esplendorosa.
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Déjalo pasar

Hay dos vías: la de la resistencia y la de la sumisión. La de la sumisión es la vía fácil. Como cuando dos cabras coinciden frente a frente en un angosto sendero de montaña, y en lugar de embestirse, una se echa para dejar que la otra le pase por encima. Así quiero que hagas tú. De lo contrario no hay sino enfrentamiento y choque de cabezas. Es mucho más fácil echarse y dejar que la otra persona pase por encima. Te digo y te repito que lo dejes pasar.
Procura ser humilde. Esfuérzate por obrar con amor. Pon empeño en adquirir bondad y comprensión. Esas virtudes son joyas de gran valor que puedes lucir y que harán resaltar en ti la verdadera belleza de Dios. Busca la sencillez, el amor. Busca ser gentil. Sé que tienes esas cualidades, pues conozco bien tu corazón. Sé que en las fuentes de tu corazón está presente el deseo de ser humilde, de obrar con amor, ternura, bondad, paciencia y comprensión. Mas para que en tu corazón afloren todas esas virtudes es preciso que te despojes del orgullo y del egoísmo.
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Te comprendo cabalmente

Estoy tan enamorado de ti que Mi vista no capta ninguno de tus fallos e imperfecciones. El amor me ciega y me hace ver más allá de tus faltas y equivocaciones. Es un amor que solo ve lo bueno y las posibilidades que los demás no alcanzan a distinguir.
No te vigilo garrote en mano listo para atizarte al más mínimo error. No estoy a la espera de que tropieces y caigas para meterte otra vez en vereda de un estacazo. ¿Cómo iba a hacer eso? Yo también me he encontrado en tu lugar. Yo también adopté el manto de carne humana a fin de llegar a conocerte y a comprenderte cabalmente. Conozco las contrariedades que experimentas, cada uno de tus anhelos, la insuficiencia de la carne humana y hasta tus pecados ocultos. Me identifico con tu humanidad. Por ello he prometido que tendré misericordia de ti. Mis pensamientos para contigo son de paz, perdón, paciencia y compasión.
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¿Vale la pena?

Quieres entrañablemente a tu pequeño, pero a veces te preguntas: «¿Qué fue de mis sueños y de la carrera que tenía pensado seguir? ¿Qué fue de mi vida? Aquí estoy trabajando día y noche, dando de comer al bebé, lavando pilas y pilas de ropa, haciendo compras, limpiando, procurando que sea feliz y haciéndolo sentirse querido. ¿Acabará alguna vez todo este trajín?»
Cuando te sientas agobiada, pasa unos momentos a solas conmigo, aunque no sea más que un minuto. Ve a la ventana, toma una profunda bocanada de aire puro y pídeme que te ayude a ver las cosas objetivamente. Luego observa a tu pequeño. ¡Qué alegría te causa! ¡Qué privilegio poder decir que ese cascabel lleno de amor y energías es tuyo! Cuando te echa los brazos al cuello y te dice: «¡Te quiero, mami!», te das cuenta de que toda tu labor vale la pena. No cambiarías eso ni por todo el mundo, ¿verdad? Yo sabía que era así.
Cuando los chicos se meten en líos
Comprendo el quebranto de los padres cuyos hijos tropiezan, se descarrían, se juntan con malas compañías o toman otras decisiones erróneas. Entiendo la angustia que les provoca el querer ayudarlos y guiarlos y sentirse desairados. Lo entiendo porque a Mí me pasa lo mismo cuando veo a muchos de Mis hijos descarriarse y ocasionarse a sí mismos y a los demás dificultades y sufrimientos innecesarios.
He oído tus plegarias por tus hijos. Al igual que tú, Yo siempre los voy a querer y nunca los voy a abandonar. No dejes de orar por ellos. Confíamelos. Les hablaré al corazón en un tono en el que tú nunca podrías. Manifiéstales amor pero no trates de sobrellevar por tu cuenta la carga de sus contrariedades. Encomiéndamela a Mí. Déjame llevarla. Despreocúpate: Yo me encargaré de resolver sus problemas. Puede que de todos modos no terminen siendo lo que tú esperabas que fueran, pues mucho depende de lo que ellos decidan. Pero nunca está de más orar por ellos. Si eres fiel y constante en la oración, tendrás la certeza de haber hecho todo lo que podías por ayudarlos.
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El premio del amor

El amor y los desvelos que prodigaste a tus hijos y las plegarias que rezaste por ellos no quedarán sin gratificación. Cada pañal que cambiaste, cada vez que los aseaste, cada enseñanza que les impartiste, cada error que les perdonaste, cada lágrima que derramaste, cada palabra de ánimo que les dijiste, cada beso, cada abrazo, cada sacrificio, cada oración, todo eso contribuye a hacer de ellos unas criaturas de las que te enorgulleces.
Aunque puede que no siempre lo expresen ni lo den a entender por medio de sus actos, están orgullosos de tener una madre como tú. No logran entender cómo puedes seguir amándolos cuando les parece que menos lo merecen. Así y todo, lo desean, lo aprecian y saben que lo necesitan. Te agradezco que, al dar ejemplo de Mi amor incondicional, los hagas sentirse así de amados.
Estoy orgulloso de ti por el amor que manifiestas y los sacrificios que haces para educar y formar a tus hijos y cuidarlos como es debido. Bien, buena madre y fiel. Grande es tu galardón en los Cielos.
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Como el oro en el horno

Puede que al presente no entiendas algunas cosas, porque aún no ha llegado el momento de que te revele del todo Mi plan, Mi propósito. Pese a que no lo entiendas todo, cree y confía. Mis caminos no son Tus caminos. No se puede conocer la mente de Dios esforzándose por entender y analizarlo todo con mentalidad carnal. Yo revelaré Mis pensamientos y Mis caminos mediante el poder de Mi Espíritu a quienes se muestren receptivos y sumisos, a quienes crean, acepten y aprecien Mi voz con fe y amor.
Te prometo que si sigues adelante por fe —aunque ni siquiera sepas a ciencia cierta si tendrás fuerzas para aguantar— no fracasarás. Así como el oro se purifica en el horno del refinador, los que pasan por la llama ardiente de las pruebas saldrán cual oro puro. Te pongo a prueba a fin de eliminar todas las impurezas. Por tanto, no tengas miedo de las pruebas. Te las mando porque te amo, para purificarte, en respuesta a tus oraciones.
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¿Por qué tantas dificultades?

Te preguntas: «¿Por qué, Señor? ¿Por qué tengo que pasar por tantos trances y penalidades? ¿Será que te estoy desagradando? Te amo. ¿Por qué tengo que sufrir estas vicisitudes?»
Muchos cristianos a lo largo de los siglos se han planteado lo mismo. En todos los casos Mi Espíritu estaba obrando en ellos. A menos que se volvieran débiles, Yo no podía hacerme fuerte en ellos. A menos que se quebrantaran, Yo no podía enseñarles a ser compasivos; no podía enseñarles la empatía, el sincero interés que les hacía falta tener por los demás. No podía concederles todos los hermosos dones de Mi Espíritu que traen aparejados los apuros y los quebrantos.
Por medio de esas aflicciones te estoy enseñando a luchar, no con tu propia fortaleza, sino con Mis fuerzas, valiéndote de la oración y acudiendo a Mí por cada cosa que se te presenta en la vida.
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Sigamos en contacto

Ora y ora, una y otra vez. Me fascina. Lo deseo. Lo necesito. Me deleito en ello. Me agrada mantener una estrecha comunicación contigo para que seamos uno. Todas tus oraciones son importantes. Algunas tienen distintas finalidades, pero todas son importantes. No dejes, pues, de orar.
Deseo estar en constante comunicación contigo, mantener un vínculo continuo contigo. Recurre a todos los medios posibles y deja que Yo haga llover Mis riquezas espirituales. Todo lo Mío es tuyo. Te lo ofrezco gratuitamente de un pozo que nunca se seca. ¿Para qué conformarte con lo humano pudiendo tener lo divino? ¡Recibe Mi poder! Está a tu alcance, a tu entera disposición.
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Extiende la mano hacia Mí

Extiende la mano hacia Mí en la mañana, en la tarde y en distintos momentos del día. Háblame a lo largo de la jornada. Ámame y alábame. No te alejes mucho. No permitas que los intervalos entre los momentos que pasas conmigo se prolonguen cada vez más. No pierdas contacto por un instante. Basta con una palabra, una mirada.
Reserva cada día un momento exclusivamente para nosotros. Un momento que puedas esperar con ilusión. Un momento en que puedas dar descanso a tu cuerpo y recostarte en Mis brazos. Un momento en que podamos hablar, en que podamos reír, en que podamos llorar. Lo que desees hacer o lo que desees decirme, dímelo. Estaré pendiente de ti. Te espero.
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Tesoros a tu disposición

Si bien llamo a todos con los brazos abiertos para que vengan y se entreguen a Mí, y así poder comunicarles amor, felicidad, ungimiento, satisfacción y fortaleza, son muy pocos los que optan por acercarse y darse por entero a Mí.
¡Ojalá te dieras cuenta! ¡Ojalá vieras lo que anhelo darte! ¡Cuánto ansío estrecharte en Mis brazos, volver realidad todos tus deseos y hacer estallar tu corazón de alegría, de forma que se desborde y derrame Mi amor sobre los demás! He ahí la verdadera felicidad y contentamiento.